La Bata Blanca en la Arena Política: ¿Salvadores Técnicos o Piezas de una Nueva Estrategia Partidista?
*Alberto Viola Teherán – aeviolat@gmail.com
El sistema de salud colombiano, descrito por sus propios trabajadores como un paciente en estado crítico, ya no solo genera tutelas y protestas, sino una nueva generación de candidatos. Para las elecciones al Senado de 2026, médicos y profesionales del sector han cambiado el estetoscopio y el consultorio por la tarima y la pauta electoral, prometiendo ser la cura técnica que la política tradicional no ha podido ofrecer.
Sin embargo, detrás de esta ola de batas blancas se esconde una pregunta incómoda: ¿estamos ante una renovación genuina o ante una sofisticada estrategia de marketing político donde la credibilidad clínica termina al servicio de viejas maquinarias?
El escenario es de crisis total. Como lo expresó el pediatra Henry Vergara Sagbibi, los medios se han “fatigado de entrevistar pacientes y familiares exigiendo respeto a sus derechos fundamentales”, mientras el sistema se degrada sin que se vislumbren soluciones reales. En este caldo de cultivo, la salud se ha convertido en el campo de batalla electoral más polarizado, y los partidos han encontrado en los profesionales del sector unos aliados con un capital de credibilidad inigualable.
Los Rostros de una Presunta Renovación
Tatiana Villarreal: La crítica frontal
La médica internista Tatiana Villarreal es quizás la voz más encendida. Esta docente universitaria no ha ahorrado calificativos contra el gobierno de Gustavo Petro, a quien acusa de dejar sin recursos la salud “por no querer nada con los privados”, y al ministro Guillermo Jaramillo, a quien tilda de “cínico e indolente”. Su discurso es contundente: “son los pobres quienes más lloran”, viendo cómo crecen los gastos y las “muertes evitables” a un “ritmo exponencial”.
Con un trabajo comunitario en el norte de Bolívar, donde impulsó iniciativas contra el embarazo adolescente y el uso de drogas, Villarreal construye su perfil de cercanía. Su consigna es aparentemente conciliadora: “La salud no es un asunto de partidos de Derecha ni de Izquierda sino un asunto de todos”.
Sin embargo, esa búsqueda del “bien común” la emprende desde las filas de Salvación Nacional, un partido de derecha cuyo director nacional es el excandidato presidencial Enrique Gómez Martínez. La contradicción entre un discurso suprapartidista y una militancia claramente definida es la primera gran bandera roja.
Rawdy Reales: El influencer de la salud
Con más de 20 millones de seguidores en redes sociales, Rawdy Reales representa un fenómeno nuevo: el médico digital que salta a la política. Endocrinólogo de 34 años y docente, construyó una comunidad masiva educando sobre salud. En una entrevista reveladora en diciembre de 2025, aseguró que su decisión de lanzarse al Senado debía ser “consensuada” con gremios y profesionales, y se definía fuera de la dicotomía izquierda-derecha. “No se pueden ideologizar las necesidades básicas”, afirmaba entonces.
Pero la realidad política es más concreta que los postulados abstractos. Para enero de 2026, Reales había oficializado su candidatura con el número 24 en el tarjetón, no como independiente, sino avalado por la coalición Ahora Colombia (integrada por MIRA, Nuevo Liberalismo y Dignidad & Compromiso).
Su perfil de “voz nueva y fresca” que tanto promocionan los partidos de centro, terminó embarcado en una alianza política específica. Su caso ejemplifica, cómo el capital digital es visto por las colectividades como un imán para el voto joven, en lo que analistas llaman una “política del entretenimiento” donde el carisma mediático puede pesar más que las bases ideológicas.
Carolina Corcho: La exministra en la trinchera
Completa este triángulo la médica psiquiatra Carolina Corcho, exministra de Salud del gobierno Petro. A diferencia de Villarreal y Reales, Corcho no llega para criticar desde fuera, sino para defender desde dentro la reforma al sistema que ella misma ayudó a diseñar.
Su candidatura con el Pacto Histórico representa la otra cara de la moneda: la tecnócrata que se volvió abanderada política de un proyecto de transformación estructural, y que ahora debe lidiar con el desgaste propio de la gestión y la feroz oposición que genera su propuesta.
La Gran Contradicción: ¿Puede el Técnico Domar a la Bestia Política?
Aquí reside el núcleo del debate. Estos profesionales no son políticos ingenuos, pero subestiman la naturaleza del poder legislativo.
El síndrome del experto sin trinchador
Un senador no receta medicamentos; negocia votos, construye mayorías y se somete a la disciplina de bancada. ¿De qué sirve el diagnóstico más preciso si, al llegar, un Rawdy Reales o una Tatiana Villarreal deben alinear su voto con la directriz de Salvación Nacional, un partido cuyas raíces están en el Centro Democrático, históricamente asociado a la defensa del modelo de intermediación privada que tanto se critica? Su poder será, en el mejor de los casos, prestado. En el Congreso, los verdaderos operadores son políticos de carrera como Nadia Blel (Conservador) o Andrés Forero (Centro Democrático), quienes conocen los engranajes del clientelismo y la negociación.
La incoherencia ideológica de base
Es difícil digerir que profesionales que claman contra la “tragedia humanitaria” y la desatención a los pobres encuentren su vehículo político en partidos que, para amplios sectores, son corresponsables de la arquitectura misma del sistema colapsado.
La alianza no es casual: los partidos buscan lavar su imagen con la legitimidad de la bata blanca, mientras los candidatos médicos acceden a una maquinaria que les da viabilidad electoral. Es un trueque: credibilidad técnica a cambio de oxígeno político.
El abismo entre el diagnóstico y la cura
Todos coinciden en el diagnóstico: el sistema está en UCI. Pero las recetas son antagónicas. Mientras Corcho promueve una cirugía mayor (la reforma estatalista), Villarreal y Reales, desde la oposición, ofrecen un tratamiento intensivo que, en esencia, busca preservar y reformar el modelo mixto, no desmontarlo. El votante no elige entre salud y enfermedad, sino entre dos filosofías de tratamiento irreconciliables, cada una respaldada por profesionales que se citan mutuamente.
Conclusión: ¿Renovación o Reloaded?
La irrupción de médicos en el Senado es un síntoma de la desesperación ciudadana, pero no garantiza una cura. Estos candidatos no llegan como una fuerza independiente y unificada, sino como piezas valiosas y fragmentadas dentro de proyectos políticos preexistentes y profundamente polarizados.
Su verdadero legado no se medirá por su conocimiento de patologías, sino por su habilidad para navegar la patología política: la corrupción, la inercia legislativa y el peso de los grupos de interés que han capturado el sistema durante décadas. El riesgo es alto: que la “bata blanca” y el estetoscopio terminen siendo símbolos vacíos en el mismo juego de poder de siempre, donde la salud de los colombianos sigue siendo el botín, no el propósito último.
La pregunta que queda flotando en el ambiente es cruda y necesaria: ¿Están los colombianos votando por profesionales de la salud que entienden de enfermedades, o por proyectos políticos que, con nuevo empaque, siguen sin entender (o sin querer) las soluciones de fondo? El 2026 dará una primera respuesta, pero la recuperación del paciente, el sistema, requerirá mucho más que un cambio de personal médico en la lista de invitados al poder.
*ALBERTO VIOLA TEHERAN
MEDICO
MAGISTER EN SALUD PUBLICA
ASESOR EN POLITICAS PUBLICAS
ASESOR EN SALUD
DOCENTE DE MEDICINA
EVALUADOR INTERNACIONAL PARA VES – EEUU