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Las 15 máscaras del malapaga

El fin de semana pasado, reunido con mi esposa y mis hijos, me puse a recordar las épocas en que fui vendedor de libros y cobrador de las mercancías que mi mamá repartía por el Centro Histórico de Cartagena, actividad mediante la cual aprendí a identificar el verdadero carácter de las personas cuando de pagar se trata.

Fue así como más de una vez me tropecé con cierto personaje proveniente de todos los estratos, todas las etnias y todos los niveles intelectuales:  “el malapaga”, quien no figura en ningún tratado de Psicología y no es una sola persona sino una colección de personajes.

Digo esto último porque normalmente uno cree que todos los deudores incumplidos son iguales, pero basta prestar dinero unas cuantas veces o fiar una mercancía para descubrir que cada uno tiene su propia técnica, su propio libreto y hasta su propia personalidad.

No me refiero al hombre o a la mujer que un día cae en desgracia y, con vergüenza, llama para explicar que no puede cumplir en la fecha acordada, pues a cualquiera le puede ocurrir una enfermedad, una quiebra, un accidente o una pérdida inesperada. Ese deudor suele dar la cara, propone una nueva fecha y, sobre todo, nunca deja de reconocer que la deuda existe.

Pero el malapaga es otra cosa. Su principal talento consiste en lograr que el acreedor termine sintiéndose culpable por cobrar. Nunca dice de frente: “No voy a pagar”. Eso sería demasiado burdo. Prefiere envolverse en una explicación, una emoción, una excusa o una maniobra que desplace la conversación hacia otro lugar. Es decir, el problema deja de ser la deuda y pasa a ser el acreedor y su derecho a cobrar.

He conocido muchos malapagas. Tantos, que terminé convencido de que  usan máscaras según la ocasión. Después de muchos años observándolos, creo haber identificado quince de esas máscaras. Al fin y al cabo, cobrar también enseña; y enseña más sobre la naturaleza humana que muchos libros de Psicología. El dinero prestado no cambia a las personas, simplemente les quita el disfraz.

Según los expertos, no existe un único “perfil psicológico del malapaga”. Hay personas que no pagan por pobreza o por una crisis real, y otras que, teniendo cómo hacerlo, convierten el incumplimiento en un hábito. En este último caso suelen aparecer algunos rasgos, aunque no necesariamente todos:

𝐁𝐀𝐉𝐀 𝐑𝐄𝐒𝐏𝐎𝐍𝐒𝐀𝐁𝐈𝐋𝐈𝐃𝐀𝐃: No considera prioritario cumplir los compromisos adquiridos.

𝐉𝐔𝐒𝐓𝐈𝐅𝐈𝐂𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐂𝐎𝐍𝐒𝐓𝐀𝐍𝐓𝐄: Siempre encuentra una explicación para no pagar: “la próxima semana”, “estoy esperando un giro”, “el banco se demoró”.

𝐌𝐀𝐍𝐈𝐏𝐔𝐋𝐀𝐂𝐈𝐎́𝐍 𝐄𝐌𝐎𝐂𝐈𝐎𝐍𝐀𝐋: Intenta despertar lástima o hacer sentir culpable al acreedor por cobrar.

𝐄𝐒𝐂𝐀𝐒𝐀 𝐄𝐌𝐏𝐀𝐓𝐈́𝐀: No dimensiona el perjuicio económico o emocional que causa a quien espera el pago.

𝐈𝐌𝐏𝐔𝐋𝐒𝐈𝐕𝐈𝐃𝐀𝐃 𝐅𝐈𝐍𝐀𝐍𝐂𝐈𝐄𝐑𝐀: Gasta en placeres o lujos antes de cumplir sus obligaciones.

𝐎𝐏𝐓𝐈𝐌𝐈𝐒𝐌𝐎 𝐈𝐑𝐑𝐄𝐀𝐋: Cree que más adelante aparecerá el dinero y sigue adquiriendo nuevas deudas.

𝐄𝐕𝐀𝐒𝐈𝐎́𝐍 𝐃𝐄𝐋 𝐂𝐎𝐍𝐅𝐋𝐈𝐂𝐓𝐎: Deja de contestar llamadas o mensajes para evitar enfrentar el reclamo.

𝐋𝐎𝐒 𝐓𝐈𝐏𝐎𝐒 𝐃𝐄 𝐌𝐀𝐋𝐀𝐏𝐀𝐆𝐀𝐒

1-𝐄𝐋 𝐈𝐍𝐓𝐈𝐌𝐈𝐃𝐀𝐍𝐓𝐄: Se muestra calmado y hasta caballeroso cuando fía o recibe dinero prestado. Pero cuando le cobras, te hace sentir que lo estás molestando; y para eso, usa su peor semblante, la peor actitud, la voz más carrasposa y hasta las peores palabras. Si la intimidación no resulta y logra que pierdas la calma, el malapaga usará el desafío más común en estos casos: “Ahora no te pago una mondá y haz lo que quieras”. Y hasta ahí llega la contienda, si el acreedor no es problemático ni partidario de los enfrentamientos a puño limpio. Pero la ofensa queda ardiendo para siempre.

2-𝐄𝐋 𝐁𝐄𝐍𝐄𝐅𝐀𝐂𝐓𝐎𝐑: Antes de fiarte, o pedirte dinero prestado, te llena de atenciones, regalos, amabilidades y favores que no pediste. Pero cuando le cobras, te recuerda sutilmente los beneficios que te prodigó, si es que no te los echa en cara ruidosamente. El objetivo es que no sientas fuerzas para reclamarle, dado que tiene la habilidad de transformar una obligación económica en una obligación afectiva, aunque nada tengan que ver. Es decir, revuelve el caldo con las tajadas. Pero el ofendido es él.

3-𝐄𝐋 𝐀𝐌𝐍𝐄́𝐒𝐈𝐂𝐎: No discute, no se molesta, no agrede ni saca a flote los favores que hizo, pero constantemente tienes que recordarle la deuda, porque extrañamente se la “olvida” lo que debe, pero nunca lo que le deben. Es posible que de este perfil haya salido la popular frase: “Todo mal pagador es buen cobrador”.

4-𝐄𝐋 𝐒𝐎𝐁𝐄𝐑𝐀𝐍𝐎: A este le explicas que debe pagar en tales cuotas y en fechas precisas, a lo cual asentirá sin ningún problema. Pero, a la hora de la verdad, pagará cuando quiera y como quiera, como si el acuerdo previo dependiera de su soberana voluntad. Es posible que pague completo, pero no dejarás de sentir muy dentro de ti esa espinita del irrespeto que incita a no hacer más negocios con ese tipo.

5-𝐄𝐋 𝐃𝐄𝐒𝐂𝐀𝐋𝐈𝐅𝐈𝐂𝐀𝐃𝐎𝐑: A este le fiaste una mercancía o servicio, los cuales acoge de la manera más silenciosa y sin reparos. Pero cuando te molestas porque lleva varios días mamando gallo para pagar, enseguida le saca defectos a tu producto: “ese arroz estaba muy salado”, “en el centro lo fían más barato”, “esa camisa es muy calurosa”, “ese carro es muy incómodo”… Y así debilita tu posición moral.

6-𝐄𝐋 𝐏𝐎𝐁𝐑𝐄𝐂𝐈𝐓𝐎: Cuando le fías o le das dinero prestado, es la persona más normal del mundo. Pero el día que le cobres verás la cara más triste, las palabras más lastimeras y el sumum de la congoja por sus desgracias: se le enfermó la mamá, se le accidentó el papá, lo atracaron, le va mal en los negocios, “¡Oh, qué cruel es que vengas a cobrarme en estas circunstancias, qué desconsiderado eres!”

7-𝐄𝐋 𝐃𝐈𝐋𝐀𝐓𝐎𝐑𝐈𝐎: Este se especializa en establecer fechas y horarios que suelen no ser muy claros. Si le cobras en la mañana, está muy temprano para cobrar. Si le cobras a mediodía, te dice que le dejes reposar el almuerzo. Si le cobras en la noche, está muy tarde para cobrar. Si le cobras el lunes, apenas está empezando la semana. Si te dice que vayas a las 10, pero por algún imprevisto llegaste a las 10:30, te dice que usó el dinero en otra cosa porque pensó que ya no vendrías. Si te dice ven el martes, te llama unas horas antes para decirte que ya no vengas porque le tocó salir de viaje urgentemente, pero no deja la plata con nadie. Al parecer, con él no hay ningún momento adecuado para cobrar.

8-𝐄𝐋 𝐓𝐀𝐒𝐀𝐃𝐎𝐑: Su especialidad consiste en establecer lo que él considera el precio real de una mercancía o servicio. Si le fías, te pagará las primeras cuotas y después dirá que lo esperes hasta que vuelva a tener dinero. Pero en lo más hondo de su pensamiento sentencia: “Eso que pagué es lo que vale esa vaina. No voy a pagar más nada”. Es decir, él reescribe unilateralmente el trato.

9-𝐄𝐋 𝐁𝐔𝐑𝐎́𝐂𝐑𝐀𝐓𝐀: Casi siempre es propietario de algún negocio mediano o grande. Le fías la mercancía o servicio, pero cuando vas a cobrar te dice que eso no es con él, que vayas donde Fulano. Pero Fulano te envía para donde Sutana; y esta te envía donde Merenganohasta convertir el cobro en un trámite interminable, que te hace perder los estribos y terminas siendo el malo de la película: “¡Ay, qué señor tan grosero —dicen—. No hagamos más negocios con él!”. El objetivo de este hamaqueo es desgastar al acreedor hasta que se rinda.

10-𝐄𝐋 𝐌𝐀𝐆𝐎: También conocido como “el invisible” o “el escapista”, este malapaga no discute, no aplaza, ni se justifica, pero su estrategia es desaparecer y no dejar ni rastros. Antes de que le fíes, o le des dinero prestado, te lo encuentras hasta en la sopa. Pero una vez que logra su objetivo se esfuma. Nadie sabe de él, ni su familia, ni sus amigos ni sus compañeros de trabajo. Misteriosamente su teléfono deja de comunicar, cierra las redes sociales, se muda sin avisar…En fin, cualquier intento por hallarlo será vano.

11-𝐄𝐋 𝐃𝐈𝐅𝐀𝐌𝐀𝐃𝐎𝐑: Se molesta cuando le cobras, pero no lo hace delante de ti. Contigo habla de la manera más normal y hasta podría referirte un cuento triste sobre su situación económica o laboral. Pero en cuanto le das la espalda, usa tu reputación como arma. Empieza a regar entre tus conocidos y no conocidos lo avaro, desconsiderado, ansiado con la plata, impaciente y mezquino que eres. Su propósito es claro: que el daño social que te haga sea mayor que el dinero que te debe. Eso podría ablandarte y hacer que renuncies a seguir cobrando.

12-𝐄𝐋 𝐒𝐎𝐅𝐈𝐒𝐓𝐀 𝐎 𝐀𝐑𝐆𝐔𝐌𝐄𝐍𝐓𝐀𝐃𝐎𝐑: Cuando le fías o le haces un préstamo monetario, es prudente, callado, tímido y reservado. Pero cóbrale para que sepas lo que es un orador brillante. De repente desenfunda una serie de argumentos legales, morales, éticos, económicos y hasta espirituales que te dejan aturdido y hasta con la sensación de estar cometiendo el más terrible de los delitos o pecados sólo por haberle cobrado.

13-𝐄𝐋 𝐄𝐒𝐏𝐄𝐑𝐀𝐍𝐙𝐀𝐃𝐎𝐑: Su habilidad no consiste en argumentar ni en desaparecer. Al contrario: siempre transmite tranquilidad usando frases como “compa, no se preocupe que su plata está ahí…”, “Su plata está segura”, “Yo a usted no le voy a quedar mal”, “Téngame paciencia”, “Confíe en mí”…Y cada vez que lo escuchas quedas convencido de que ahora sí va a pagar.

14-𝐄𝐋 𝐌𝐈𝐍𝐈𝐌𝐈𝐙𝐀𝐃𝐎𝐑: No es agresivo, no se esconde ni es el maestro de la verborrea barata, pero su táctica consiste en hacerte ver, muy veladamente, que lo que te debe no amerita que lo ataques tanto. “Fíjate, Fulano me debe 30 millones de pesos hace como dos años y yo no me mortifico por eso”. Mensaje subliminal: “no estoy inquieto con el poco de plata que me deben, y vienes tú a joder por la chichigua que me prestaste”.

15.𝐄𝐋 𝐎𝐒𝐓𝐄𝐍𝐓𝐎𝐒𝐎: No niega la deuda ni se esconde, pero siempre te dice que está esperando un dinero que le deben para cancelar el compromiso contigo. Mientras tanto, constantemente lo ves en las redes sociales exhibiendo su nueva muda de ropa, un paseo en las Islas del Rosario, un concierto internacional, un restaurante de lujo, el último Iphone,etc.

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Naturalmente, esta clasificación está incompleta. Seguramente ustedes han conocido otros malapagas que aquí no aparecen. Tal vez recuerden a alguno mientras terminan estas líneas. Quizá, incluso, descubran con cierta incomodidad que ustedes mismos han usado alguna de estas mascaras. Porque todos podemos atravesar una mala racha económica, pero no todos elegimos el mismo camino para afrontarla. El buen deudor conserva la palabra aun cuando pierde el dinero. El malapaga, en cambio, conserva el dinero aun cuando pierde la palabra. Y esa, más que una deuda económica, es una deuda con el carácter.

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