La música del acordeón del Caribe colombiano se divide en varios estilos, de los cuales se podría decir que los principales son el vallenato, el sabanero y el afroantillano.
El vallenato es el ejecutado, mayoritariamente, en los departamentos La Guajira, El Cesar y El Magdalena, que años atrás constituían un solo bloque territorial conocido como “La gran región de Padilla”.
A partir de la creación del Festival de la Leyenda Vallenata, que se realiza anualmente en la ciudad de Valledupar, se determinó que el estilo vallenato se expresaría en sólo cuatro aires: el paseo, el son, el merengue y la puya.
Por su parte, el estilo sabanero es el que se ejecuta, mayoritariamente, en los departamentos de Bolívar, Sucre y Córdoba, que, antiguamente, también conformaban un solo bloque territorial llamado “El Bolívar grande” o “El viejo Bolívar”.
Además de los cuatro aires ya mencionados, los acordeonistas sabaneros también han creado ritmos como El paseaito, la charanga, la guaracha, el pasebol, el pasaje, el porro, el merequetengue, el vasquesón, el chiquichá y una cantidad de fusiones que alargarían esta lista.
El estilo afroantillano se ejecuta en los tres departamentos, pero tomó a la ciudad de Barranquilla como su asiento principal. El líder indiscutible de este estilo es el acordeonista barranquillero Aníbal Velásquez, quien llamó guaracha a todas esas mescolanzas sonoras que hacía con la música afroantillana y los ritmos de las sabanas.
El espacio “Rincón Guapo en vivo” organizó un conversatorio con el compositor cartagenero Ever Sierra Rivera y con el folclorista Ariel Pérez García, quienes estuvieron de acuerdo en que, desde hace varias décadas, el estilo vallenato es el más popular entre los estilos mencionados, fenómeno que obedece a circunstancias políticas, económicas y socioculturales que sería largo detallar en este espacio.
Por esa misma popularidad, la mayoría de la gente en Colombia cree que todo lo que se toque con acordeón en vallenato. Precisamente, el conversatorio con los personajes mencionados sirvió para aclarar que el vallenato tiene una sonoridad muy distinta a los otros dos estilos mencionados, puesto que su ejecución en el acordeón es más picada, el acordeonista empuña la mano en el teclado, por lo cual ese estilo también es conocido como “empuñao”. Sus notas no pasan de cuatro, lo que no significa que sea un estilo inferior. Todo lo contrario: el tener pocas notas hace más difícil su ejecución y le exige destreza y creatividad al ejecutante.
Entre tanto, el acordeonista sabanero expande los dedos en el teclado, logrando unas sonoridades más amplias y ricas en melodías y tonalidades. Eso se explica porque los acordeonistas sabaneros, desde pequeños, están imbuidos de música de bandas (papayeras), gaitas, pitos, chandés, pajaritos y guitarras, entre otros formatos musicales.
Sierra y Pérez consideraron que los jóvenes que actualmente protagonizan el llamado “vallenato de la nueva ola” han descubierto un nuevo y diferente estilo de tocar el acordeón, pero no se han preocupado por ponerle nombre. Pero no se les puede exigir que se apeguen a la ortodoxia de los juglares, porque ellos no vivieron esas épocas. Por tanto, no pueden hacer canciones que hablen de burros, de casimbas o mechones, porque se criaron en el medio urbano. Sus temáticas son sólo de amores y con una ritmicidad que merece tener su nombre propio.
Los invitados recordaron que algo que caracterizaba a los acordeonistas de antaño era el orgullo de procurar tener un estilo propio; y si descubrían un nuevo ritmo, de inmediato lo ponían un nombre, pero no se apegaban a la palabra vallenato, como sucede ahora que ese vocablo terminó convertido en un fuerte rótulo comercial, que es lo que hace creer a la gran masa que todo lo que tenga acordeón es vallenato.