Esta vez Rincón Guapo en vivo se dio el gusto de invitar a su conversatorio a los cantautores de música champeta Francisco Corrales y Luis Alfredo Torres, conocidos respectivamente como “Elio Boom” y “Louis Towers”. Pero no sólo son conocidos por sus nombres artísticos sino también por dos canciones que ya son clásicos indiscutibles de la expresión en comento: “La turbina” y “El liso en Olaya”.
La primera marcó una evolución en el tipo de canciones que se concebían únicamente para hacer bailar al público. La letra y el mensaje no era esenciales; mientras que la segunda también marcó un hito, porque hizo mirar hacia las historias y los personajes del barrio, significando con ello que la champeta también podía ser narrativa y sostener letras de peso.
Con estos personajes, el conversatorio giró sobre la situación actual de la champeta, asunto preocupante para algunos, quienes consideran que ha perdido su sonido original. Un sonido que a los pioneros les costó trabajo conseguir, para que la champeta tuviera su personalidad sonora. Pero resulta que, bajo una pretendida evolución, primero se le llamó “champeta urbana”, un nombre redundante porque si alguna música es urbana en Colombia, esa es la champeta. Como acto siguiente se le empezaron a introducir una serie de sonoridades y arreglos que, lejos de enriquecerla, terminaron por alejarla de sus comienzos y de su punto de evolución. Ahora no se sabe qué es champeta y qué no lo es.
El conversatorio también tocó las épocas en que la champeta era un término marginal, despectivo y reducido a ser música de negros pobres y lumpenales, pero su salvación tuvo lugar en manos del esnobismo, pues en cuanto Carlos Vives grabó la champeta “Pa’ Maité”, todo el mundo empezó a sentir que la champeta era buena y que ya se le había quitado el ropaje de pobreza que le pesaba como un sombrero de cemento.
Pero esa visibilización trajo consigo su propio cuchillo: ahora la champeta dejó de ser la expresión del corazón del pueblo, para volverse una industria que mueve millones de pesos y que está dispuesta a arrodillarse ante cualquier propuesta sonora, siempre y cuando sirva para aumentar la hinchazón de los bolsillos de innobles productores fonográficos.