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Atención médica humanizada

Alberto Viola Teherán, aeviolat@gmail.com *

El tiempo robado: cuando la prisa afecta la calidad

Si usted ha salido de una consulta médica sintiendo que no fue escuchado completamente, que sus preguntas quedaron sin responder o que el profesional pasó más tiempo mirando una pantalla que a sus ojos, ha experimentado directamente las consecuencias de un sistema que prioriza la eficiencia administrativa sobre la calidad humana de la atención.

La Resolución 5261 de 1994 estableció que las consultas de medicina general “no deben ser menores de veinte (20) minutos”. Tres décadas después, este mínimo se ha convertido en un máximo, y con frecuencia ni siquiera se alcanza.

La evidencia médica contemporánea indica que para una atención verdaderamente integral se requieren entre 30 y 40 minutos, tiempo que permite establecer una relación terapéutica significativa.

Una consulta médica humanizada y efectiva debería distribuir su tiempo de la siguiente manera ideal:

Componente de la consulta Tiempo ideal Propósito principal Establecimiento de rapport 3-5 minutos, crear confianza, mostrar empatía y entender contexto psicosocial.

Historia clínica completa 8-12 minutos. Escucha activa, exploración de síntomas, antecedentes relevantes.

Examen físico adecuado 5-7 minutos Evaluación física respetuosa y centrada en el problema.

Explicación y educación 7-10 minutos Comunicación diagnóstica, plan de tratamiento, educación en salud.

Toma de decisiones compartida 5-7 minutos Considerar preferencias del paciente, resolver dudas, acordar seguimiento.

Documentación esencial 2-4 minutos Registro de elementos clave durante o inmediatamente después.

Este modelo de 30-45 minutos contrasta marcadamente con la realidad actual, donde la documentación consume hasta la mitad del tiempo disponible, desplazando la interacción humana.

Aunque el sistema requiere reformas estructurales, existen estrategias que los profesionales pueden implementar para humanizar la atención, incluso dentro de los límites temporales actuales:

1.    Comunicación centrada en la persona desde los primeros segundos.

—Contacto visual inicial antes de mirar cualquier pantalla o documento.

—Saludo personalizado usando el nombre del paciente.

—Pregunta abierta inicial: “¿Qué le trae hoy?”, en lugar de “¿Qué tiene?”

—Escucha activa sin interrupciones durante los primeros minutos.

2.    Tecnología al servicio de la relación, no al revés.

—Posicionamiento estratégico del computador que permita mantener contacto visual.

—Explicación transparente: “Voy a registrar algunos datos mientras hablamos para no olvidar información importante”.

—Uso de plantillas inteligentes que minimicen clics y entradas repetitivas.

—Inclusión del paciente:

“¿Cómo describiría usted este síntoma para que lo registre correctamente?”

3.    Gestión inteligente del tiempo de consulta.

—Agenda diferenciada según complejidad (no todos los pacientes necesitan el mismo tiempo).

—Sistema de “citas dobles” para pacientes con múltiples problemas o necesidades complejas.

 —Delegación de tareas a enfermeras o auxiliares cuando es apropiado.

—Preconsulta mediante formularios sencillos que recojan datos básicos.

4.    La humanización en pequeños gestos.

—Sentarse al mismo nivel que el paciente, sin barreras físicas innecesarias.

—Reconocimiento de emociones: “Parece que esta situación le preocupa…”

—Toque terapéutico apropiado durante el examen físico.

—Resumen final que asegure comprensión mutua.

Más allá de estrategias individuales, necesitamos cambios sistémicos:

1.    Actualización normativa con diferenciación por complejidad.

—Consultas básicas (15-20 minutos): Para problemas agudos simples.

—Consultas estándar (30 minutos): Para problemas nuevos o crónicos estables.

—Consultas complejas (45 minutos): Para pacientes con múltiples condiciones, diagnósticos nuevos complejos o necesidades psicosociales significativas.

—Consultas de consejería (60 minutos): Para situaciones que requieren educación extensa o toma de decisiones complejas.

2.    Reestructuración de incentivos económicos.

—Pago por valor en lugar de por volumen de pacientes.

—Compensación adicional por indicadores de calidad y satisfacción.

 —Financiamiento específico para consultas extendidas cuando estén médicamente justificadas.

3.    Rediseño de sistemas de registro.

—Historias clínicas intuitivas que requieran menos clics y repeticiones.

—Sistemas que prioricen información clínica relevante sobre datos administrativos.

—Integración de voz a texto para reducir tiempo de documentación.

—Formularios preconsulta completados por pacientes para datos básicos.

4.    Modelos de atención innovadores.

—Consultas por telemedicina para seguimientos simples que liberen tiempo para consultas presenciales complejas.

—Equipos multidisciplinarios donde enfermeras, trabajadores sociales y otros profesionales complementen la atención médica.

—Consultas grupales para educación en condiciones crónicas comunes (diabetes, hipertensión).

El camino hacia una consulta verdaderamente terapéutica

Humanizar la consulta médica requiere reconocer que la curación ocurre no solo a través de medicamentos o procedimientos, sino a través de la relación terapéutica. Esta relación necesita tiempo para desarrollarse, confianza para florecer y atención genuina para ser efectiva.

Los 20 minutos de 1994 fueron un primer paso, pero la medicina ha evolucionado. Hoy entendemos que las enfermedades existen en contextos personales, familiares y sociales que requieren comprensión. Sabemos que la adherencia a tratamientos depende en gran medida de la calidad de la comunicación médico-paciente.

Reconocemos que muchos problemas de salud tienen dimensiones emocionales que requieren atención.

La reforma del tiempo de consulta no es un lujo, sino una inversión en eficiencia clínica. Consultas más largas y humanizadas conducen a diagnósticos más precisos, mayor adherencia a tratamientos, mejor prevención de complicaciones y, en última instancia, a un sistema más sostenible.

Conclusión: Recuperar el alma de la medicina

Cuando los sistemas de salud miden éxito por número de pacientes atendidos en lugar de por calidad de atención prestada, todos perdemos. Pierde el paciente, convertido en un número más en una estadística. Pierde el médico, cuya vocación se ve frustrada por la burocracia. Pierde la sociedad, que paga por un servicio que no satisface necesidades humanas fundamentales.

Colombia merece un sistema donde la consulta médica sea un encuentro humano significativo, no un trámite burocrático. Donde los profesionales tengan tiempo para ejercer no solo su conocimiento técnico, sino su capacidad de empatía y acompañamiento. Donde los pacientes se sientan verdaderamente escuchados, comprendidos y cuidados. La humanización de la consulta médica comienza con el tiempo, pero no termina ahí. Requiere cambios estructurales, tecnológicos, educativos y culturales. Pero por complejo que sea este cambio, el destino merece el viaje: nada menos que recuperar el alma de la práctica médica para el bien de todos los colombianos.

* Perfil del Dr. Alberto Viola Teherán

Medico
Magister en salud pública
Asesor en política publica
Docente de Medicina
Evaluador Internacional Veterans Evaluations Services

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