𝐃𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐆𝐮𝐚𝐩𝐢, 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐏𝐚𝐜𝐢́𝐟𝐢𝐜𝐨, 𝐌𝐚𝐫𝐲 𝐆𝐫𝐮𝐞𝐬𝐨 𝐡𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐝𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐨𝐛𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐟𝐢𝐞𝐧𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐨𝐫𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐥𝐞𝐠𝐢́𝐭𝐢𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐢𝐭𝐞𝐫𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐲 𝐦𝐞𝐦𝐨𝐫𝐢𝐚. 𝐒𝐮 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐧𝐨 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐝𝐮𝐜𝐢𝐫𝐬𝐞 𝐚𝐥 𝐜𝐚𝐧𝐨𝐧, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐚𝐦𝐩𝐥𝐢𝐚𝐫𝐥𝐨: 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐢𝐫 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐞𝐥 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐢𝐭𝐨𝐫𝐢𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐚𝐝𝐢𝐞 𝐯𝐞𝐧𝐠𝐚 𝐚 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐫𝐥𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐬 𝐧𝐢 𝐜𝐨́𝐦𝐨 𝐝𝐞𝐛𝐞 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚𝐫𝐬𝐞.
Rubén Darío Álvarez Pacheco, muchachon@rinconguapo.com
“Cuando me preguntan de dónde soy, siempre digo que soy costeña, porque nací en Guapi, en las costas del Pacífico colombiano”, dice la escritora caucana Mary Grueso Romero, quien tiene claro que la costumbre colombiana de llamar costeños únicamente a los habitantes de la Región Caribe es un equívoco que lleva muchos años echando raíces, pero que ya llegó la hora de solventarlo.
“Es que hay ideas que se arraigan tanto en las mentes de las personas, que hasta parecen difíciles arrancar, pero uno puede emprender esa tarea con la misma insistencia con que se sembró el equívoco —dice la poeta—. Yo, por ejemplo, cuando me preguntan, ‘¿usted es costeña?’, enseguida respondo: ‘claro que sí, porque nací en Guapi, que está claramente ubicado en la costa del Pacífico”.
En medio de los avatares del Hay Festival 2026, en Cartagena de Indias, Mary Grueso se mantuvo tranquila recibiendo a desconocidos y conversando con los periodistas que, previamente, habían solicitado entrevista con ella.
Casi que no es necesario hacerle muchas preguntas, ya que otro de sus dones, además de la buena escritura, es la conversación abundante, pero enriquecedora y amena, como lo son las historias pueblerinas y callejeras que los abuelos del Pacífico cuentan, pero que están corriendo el peligro de perderse, porque, al parecer, los jóvenes andan más interesados en los avances tecnológicos de la revolución digital que en conservar esa riqueza oral.
“De verdad que recoger la oralidad y convertirla en literatura escrita es todo un reto que exige convencimiento y persistencia. Pero es eso lo que estamos haciendo, porque esas historias y creencias se estaban perdiendo. Entonces, tratamos de escribirlas de una manera agradable, para que niños y jóvenes las acojan con placer. Eso, tomando en cuenta que libros como “Don Quijote de la Mancha”, “La Iliada” y “La Odisea”, ya no se están leyendo como en mis épocas, porque a las nuevas generaciones les resultan pesados. Así que pensamos que eso también podía ocurrir con nuestras historias ancestrales. Por eso les venimos imprimiendo una mejor presentación. Pero para eso también necesitamos al Ministerio de Educación, para que niños y jóvenes se acostumbren a ver esas historias desde primaria hasta la universidad”.
Al respecto, Grueso Romero asegura que el resultado de esa gestión tiene que ver con que el resto de Colombia ya está valorando la cultura oral del Pacífico, sobre todo desde que ella ingresó a la Academia Colombiana de la Lengua, logro que ha servido para que no sólo sea el país es el que se entere de esa riqueza sino también los medios académicos del exterior.
“Estamos demostrando que la literatura que hacemos los negros no tiene por qué estar en la periferia, porque es la misma literatura usando los mismos elementos que usan los otros. Nosotros hablamos de todo lo que tenemos a la vista: el mar, las selvas, la gente, las montañas, etc.; es decir, temas universales. Lo que pasa es que como la hacíamos los negros, entonces no la valoraban. Ese desconocimiento hace parte del racismo que se practica en Colombia hasta en los medios culturales”.
La literatura que se ha ido recolectando desde la memoria ancestral conserva las formas de hablar de los pueblos del Pacífico, algo ante lo cual Mary Grueso expresa un parecer muy particular.
“A veces nos sugieren que por qué no recogemos esas historias y las vertimos al ‘español correcto’ para hacer los libros. Pero nosotros respondemos que una de las metas de retomar esas historias y escribirlas, es que conserven su esencia incluso desde sus usos lingüísticos. Y eso no atañe únicamente al Pacífico. Yo no creo que si algún antioqueño, por ejemplo, quiere escribir historias de la vida campesina del departamento de Antioquia, deba apelar siempre al llamado ‘español correcto’. En algún momento deberá apelar a los modismos propios de esa región; y, contrario a lo que pueda creerse, eso enriquecería mucho más el trabajo”.
En ese orden de ideas, Mary Grueso añade que desde que se interesó en propagar la oralidad ancestral y en escribir sobre la misma, jamás intentó suprimir sus saberes lingüísticos en aras de encajar en el universo literario colombiano. Tanto es así que hasta ha creado poemas donde utiliza la forma de hablar de los negros del Pacífico, “porque eso me diferencia del resto de comunidades del país. El año pasado publiqué el libro infantil, ‘Agüela, se fue la nuna’, donde consigné términos propios de mi territorio. Por ejemplo: nosotros no decimos ‘llover’ sino ‘va llové’. Decimos ‘llegó la navidá’. Yo pudiera cambiar todas esas expresiones por el ‘español correcto’ que llaman, pero no quiero hacerla, porque mi idea es mostrar mi región al mundo”.
La académica dice estar de acuerdo con Séneca cuando afirma que “El estilo es el hombre”. Y con Neruda, cuando acota que “El estilo es el ambiente donde uno se cría”. Mediante tales brújulas de orientación artística ha logrado cultivar un pública que se identifica con sus sentires y está pendiente de la publicación de sus títulos.
“En vez de cambiar mi dicción, más bien vivo pendiente cada día de mejorar mucho más mi escritura, en el sentido de hacerla más eficaz y comunicativa, para que transforme vidas. Eso lo sintetizo en este poema:
‘Que de dónde soy, me preguntan muchas veces. Soy una mujer negra del Pacífico colombiano, donde muchos ríos descienden cantarinos, se anudan al mar con dulzura a beber agua salobre de sus entrañas. Donde los peces viajan insistentes en mi memoria y los alcatraces pescan esperanzas. Donde el viento se lleva el sonido del tambor y te trae el olor de la marea en lontananza. Donde la lluvia toca tu ventana para despertarte, mientras arrulla las islas y las olas besan la arena en la playa con lamento obstinado. Donde el sol sonríe al viento mientras te pinta la piel de chocolate…”.
Así como en ese poema, Mary Grueso se apresura a dar a conocer que cuando acometió la escritura basada en la oralidad, nunca lo hizo pensando en que había que reparar algún desperfecto en la niñez del Pacífico sino más bien en darles herramientas a los niños, “para que sepan que uno también puede; y que, a partir de lo que leen y escuchan de sus referentes también se atrevan a escribir, para continuar con esta misión de no dejar borrar la memoria. Ellos tienen que ser como son, pero hay que darles bases para que, a su vez, desplieguen su creatividad con las letras y, sobre todo, valoren lo suyo, porque, si no lo hacen, vendrá gente de otras partes a tomar nuestras historias y a contarlas como mejor les parezca. Por eso yo escribo desde adentro, desde lo que siento, desde lo que observo y desde lo que pienso”.
A pesar de que varios escritores del Pacífico, anteriores a Mary Grueso Romero, han contado, con diferentes estilos, lo que es la cultura afro, ella considera que aún Colombia se niega a ver la realidad de esa región.
“Eso significa —recalca— que la tarea no ha sido fácil y que sigue siendo difícil. Sin embargo, no hay que dejar de hacerla, porque se trata de tomar el arte como un instrumento de reparación simbólica. Algunas veces me preguntan qué decirle a un niño que sigue viendo en los libros puras historias e imágenes de gente blanca. Y yo respondo que los niños deben leer de todo, pero al mismo tiempo deben investigar todo lo que se ha escrito sobre la etnia afro no sólo en Colombia sino también en todo el mundo. De hacerlo, estoy segura de que se van a sentir felices de conocer los logros y los aportes que nuestra etnia a hecho al concierto universal”.
Puede decirse entonces que el pensamiento expresado por la poeta y narradora caza muy bien con su reciente nombramiento en la Academia Colombiana de la Lengua. En cuanto al significado de esa designación, ella dice lo siguiente:
“Ese nombramiento significa que he hecho bien la tarea. Pero aclaro que este trabajo no lo he hecho yo sola. Es un trabajo que viene de muy atrás, y tal vez lo único nuevo fue que me tocó a mí coronar ese logro. Pero lo cierto es que gentes como Manuel Zapata Olivella, Arnoldo Palacios, Teresa Martínez de Varela y Óscar Collazos, entre otros, debieron estar desde muchos años antes en la Academia de la Lengua”.
A pesar de este reconocimiento respetuoso a sus antecesores, la poeta no pierde de vista que debe aprovechar esta oportunidad para proponerse metas que sigan reivindicando la valía de la cultura afrocolombiana.
“La idea es seguir construyendo cultura y seguir sirviendo de punto de referencia, para que muchos hombres y mujeres negras vean que sí se pueden coronar objetivos como este y arranquen a trabajar sin descanso y con respeto por lo nuestro. Por ejemplo, yo quisiera que muchos más se enfoquen por la literatura infantil, que, durante mucho tiempo, ha sido subestimada en Colombia. Como consecuencia de eso, a los niños les tocaba, desde muy temprano, leer obras hechas por adultos para los adultos. Y muchas veces debían leer obligados por los profesores. Pero muy poca gente se preocupaba por presentarles historias con alma y lenguaje infantil, para que ellos empezaran a comprender el mundo de manera sencilla, pero significativa”.
Mary Grueso insiste en que los nacientes escritores del Pacífico deben enfocar sus historias en las vivencias de esa región, para sortear con altura el peligro de las apropiaciones y resignificaciones culturales.
“En mi caso —apunta—, yo cuento el Pacífico desde adentro, con la voz de una persona que nació ahí, se crio ahí y vive ahí. Eso evita que venga a alguien de afuera a relatarnos nuestra región con una visión ajena, a lo mejor llena de estereotipos, de prejuicios y de conveniencias que nada tienen que ver con nosotros. Lo que yo cuento es lo que yo viví, no lo que me han dicho o lo que he leído escrito por alguien que ni siquiera nos conoce en profundidad”.
No obstante, considera que Colombia sí sabe todo acerca del Pacífico, “pero se quiere hacer la ciega frente al abandono de nuestra región. Y ese es un tema que sale a flote durante las épocas electorales, pues todo el que quiere ser presidente o congresista nos visita y resuelve la totalidad de los problemas en un solo discurso. Luego pasan las elecciones y el panorama continúa igual, hasta que aparece otro aspirante con el mismo discurso”.
Uno de esos temas que los mal llamados políticos evaden consuetudinariamente es la violencia, tópico del que Mary Grueso considera que no debe dejar de tratarse en la literatura, “pero cuidando que no se vuelva un espectáculo. En lugar de eso, considero que se pueden contar los hechos descarnadamente, pero sin amarillismos, con la elegancia que permite la poesía”.
Al respecto, su poema “Desesperanza” lo corrobora:
“Esa casa está sola y otras muchas oscuras, desvencijaras, fantasmagóricas y trágicas. La pobreza cae a pedazos por sus paredes. De los ojos de las ventanas, salen lluvias de soledades mirando sin parpadear el horizonte, mientras a su alrededor se esperarse inexorablemente el abandono. En las noches se oyen murmullos de soledades. Es el corazón de sus dueños que se quedaron impreso formando remolino de espirales. Ellos huyeron por la vida sin mirar las huellas tras su paso, de pueblos que se mueren de tristeza, de anhelos nunca satisfecho ni en las ciudades ni en las calles ni en los semáforos. Y escondiendo en sus entrañas su dignidad maltrecha, levantan las manos al transeúnte, mientras a mí se me revienta el alma por los ojos y la sangre de la patria se desgarra formando ríos de desolación tristeza y muerte. Y llegan al estuario de la bahía sin cabeza, sin brazos o sin piernas o simplemente una cabeza que no sabe dónde quedó su cuerpo mutilado por una sierra inclemente que ha transmutado su oficio en el tiempo. Y los otros… se mueren de tristeza en las ciudades los que alcanzaron salir con suerte. Pero ante esta sociedad indiferente de humillaciones desprecios y silencios me atrevería a pensar que más de uno preferiría no haber nacido o simplemente estar…muerto”.
A pesar de que Mary Grueso se muestra convencida de que Colombia sabe todo respecto al Pacífico, también sostiene que esa Región tiene mucho por descubrir. “Nuestras historias no han salido a flote todavía. Por eso, en este nuevo siglo, los jóvenes del Pacífico están enfocados en profundizar en nuestra realidad, para que nadie venga a decirnos quiénes y cómo somos”.