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Yamiro Marín, el hombre del swing

Yamiro Marín Arias ocupa un lugar destacado en la historia musical de Cartagena y de la región Caribe. Su nombre aparece ligado al nacimiento y consolidación de la champeta criolla, un fenómeno cultural que transformó el paisaje sonoro de la ciudad durante las últimas décadas del siglo XX. Productor, comerciante y promotor, su trayectoria está profundamente unida al universo de los picós y a la circulación de la música africana en los barrios populares.

Marín Arias nació en el corregimiento de Rocha, perteneciente al municipio de Arjona, en el norte del departamento de Bolívar. Ese pequeño poblado guarda una historia marcada por la herencia africana. Durante la época colonial fue uno de los numerosos palenques que surgieron en la región, asentamientos formados por personas que escapaban del régimen esclavista y construían comunidades autónomas.

En ese ambiente creció Yamiro, rodeado de tradiciones musicales que conectaban a la población con sus raíces africanas. Los picós de Rocha tenían un papel central en la vida social del pueblo. Aquellas máquinas de sonido difundían ritmos provenientes del otro lado del Atlántico y despertaban una fuerte identificación entre los habitantes.

Desde niño, Yamiro escuchó esos discos que llegaban a las fiestas del pueblo. Las melodías de guitarras africanas, los coros y los patrones rítmicos quedaban grabados en la memoria de quienes acudían a bailar. Ese contacto temprano con la música marcaría el rumbo de su vida.

Con el paso del tiempo se trasladó a Cartagena, ciudad que ofrecía más oportunidades comerciales. Allí trabajó en distintos oficios relacionados con el comercio. Aun así, su interés por el mundo de los picós se mantuvo intacto.

En la capital de Bolívar se unió a sus primos, los hermanos Iriarte Arias. Entre todos continuaron la historia del famoso picó Rey de Rocha. El proyecto había comenzado en el pueblo natal, donde una enorme grabadora animaba la tienda de Ángela Arias, tía de Yamiro.

Aquella máquina sonora terminó convirtiéndose en un símbolo para los seguidores de la música africana en la región. Cuando el proyecto se trasladó a Cartagena, el Rey de Rocha empezó a crecer y a consolidarse. Con el trabajo conjunto de los primos, el picó pasó de ser un equipo de fiestas a convertirse en una empresa cultural.

Mientras tanto, Yamiro desarrolló otra faceta decisiva para la historia de la champeta. Se dedicó a la venta de discos en el mercado de Bazurto, uno de los centros comerciales más activos de la ciudad. Desde su almacén empezó a difundir grabaciones africanas que llegaban por diferentes vías.

En muchas ocasiones viajaba al exterior para conseguir esos discos. África era la fuente principal de los sonidos que alimentaban el repertorio de los picós. En otras oportunidades encontraba material en Europa, donde algunas compañías distribuían música africana destinada a mercados especializados.

El negocio prosperó durante varios años, pero las condiciones cambiaron. Viajar al exterior se volvió cada vez más complicado y costoso. Fue entonces cuando Yamiro concibió una idea que terminaría marcando un antes y un después en la música popular de Cartagena.

Su propuesta consistía en tomar las bases musicales de los discos africanos y crear letras nuevas en español. Para interpretarlas, convocó a jóvenes cantantes de los barrios cartageneros. De esa mezcla surgiría lo que más tarde se conocería como “champeta criolla”.

La iniciativa despertó escepticismo entre muchos comerciantes del propio mercado de Bazurto. Algunos productores consideraban que la propuesta no tenía futuro. Las burlas y comentarios despectivos acompañaron los primeros intentos de grabación.

A pesar de esas reacciones, Yamiro siguió adelante con su proyecto. Poco a poco comenzaron a aparecer canciones que circularon en los picós de los barrios. La respuesta del público fue creciendo a medida que esas grabaciones empezaron a sonar en fiestas y verbenas.

Entre los primeros intérpretes que lograron reconocimiento figuraron los cantantes y grupos Rafael Chávez, Keniantú, Nailanga, Hernán Hernández, Elio Boom, Kussima,  Kussimba, Melchor Pérez, Álvaro el bárbaro, El Pupy, Louis Towers, Cándido Pérez, Mr. Black, Dogard Disc y El Bony bony, entre otros, a quienes podría designárseles como los fundadores del movimiento musical y discográfico que impuso la música champeta, primeramente, en Cartagena. Sus voces llevaron la champeta criolla a distintos sectores de la ciudad. Cada canción ampliaba el alcance de ese nuevo repertorio.

No todo fue aceptación inmediata. Durante un tiempo, buena parte del público cartagenero miró ese fenómeno con desdén. Para muchos sectores sociales, aquellas canciones eran asociadas con lo corroncho o lo vulgar.

La percepción empezó a cambiar cuando figuras del ámbito musical nacional prestaron atención a ese movimiento. Uno de los momentos más recordados ocurrió cuando Carlos Vives decidió grabar una champeta. Ese gesto abrió la puerta para que la propuesta alcanzara mayor difusión.

A partir de entonces, el país comenzó a observar con otros ojos aquel sonido nacido en los barrios populares de Cartagena. La champeta dejó de ser vista como una curiosidad local y empezó a ser reconocida dentro del panorama musical colombiano. La transformación del gusto colectivo fue evidente.

En ese proceso, la figura de Yamiro Marín adquiere una relevancia particular. Su papel como productor y promotor fue decisivo en los primeros años del género. Sin su empeño y su visión comercial, la champeta criolla tal vez habría seguido otro camino.

La historia personal de Yamiro y su relación con la música quedaron registradas en un testimonio audiovisual. La página www.rinconguapo.com, a través de su sección audiovisual “Palabra Andante”, realizó un video donde el productor relata su trayectoria. Allí describe el ambiente musical de Cartagena y las circunstancias que rodearon el surgimiento de la champeta.

Ese registro permite escuchar directamente la voz de uno de los protagonistas de esta historia. Sus recuerdos ayudan a comprender cómo funcionaban los picós, los mercados de discos y las redes informales de distribución musical. También aporta claves sobre la creatividad que surgía en los barrios.

Volver sobre estas historias resulta fundamental para Cartagena. La champeta forma parte de la identidad cultural de la ciudad y de amplios sectores del Caribe colombiano. Reconocer a quienes impulsaron ese movimiento permite entender mejor el camino que siguió esta música.

Por esa razón, vale la pena abrir nuevamente la conversación sobre el origen y el desarrollo de la champeta criolla. No se trata solo de un asunto musical. En esa historia aparecen temas de memoria, identidad y economía cultural que siguen presentes en la ciudad.

Poner este tema en el centro de la mesa es una tarea que corresponde tanto a ciudadanos como a gobernantes y a las diversas fuerzas vivas de Cartagena. Comprender el papel de figuras como Yamiro Marín ayuda a valorar el esfuerzo de quienes construyeron un movimiento que hoy identifica a toda una región.

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