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Kombilesa mi, rapear con folclor

Más allá del bullerengue, el son palenquero y la champeta, en el siglo XXI la música del palenque San Basilio dio un viraje interesante y conquistador de escenarios nacionales e internacionales.

Ese viraje lo protagonizaron, principalmente, gentes como Andris Padilla Julio, conocido en Palenque como “Afroneto”,  director del grupo Kombilesa Mi (mis amigos), abanderado de la fusión de música raizal con el rap y demás propuestas sonoras que se  tomaron el mundo en las postrimerías del siglo XX.

Por cuenta de Afroneto y su grupo, el nombre de Palenque se pronuncia en países como Brasil, Estados Unidos, España, Alemania y Sudáfrica, cuyos habitantes no se han conformado con apreciar los conciertos y los videos que encuentran en YouTube.com. Mucho más: la curiosidad los ha llevado a moverse de sus lugares de origen y a viajar miles de kilómetros, con tal de mirar de cerca el nido de las garzas.

Allí, en el palenque San Basilio, se enteran de que Andris Padilla Julio decidió bautizarse “Afroneto”, como una forma de decir: “soy negro puro”, “afrodescendiente puro, original, sin combinaciones, neto”.

Allí, en el palenque San Basilio, los visitantes se informan de que los muchachos de Kombilesa Mi no se refieren a su pueblo como San Basilio de Palenque o el Palenque San Basilio. Le dicen el “Palenque de Benkos”, para rendir honores a Benkos Biohó, el africano príncipe y guerrero que lo fundó, después de haber propiciado una fuga masiva durante el período colonial. Fue así como Palenque se convirtió en el primer pueblo libre de América, según lo relatan con orgullo los cuenteros e historiadores de la zona.

Al tiempo que los de Kombilesa Mi crean música, también impulsan el trabajo cívico social, estrategia esta que los ha identificado como líderes de la comunidad, pues no sólo están dispuestos a enviar mensajes constructivos con sus canciones sino también a participar en el trabajo comunitario y a presentar resultados positivos.

Tienen clara la función social del artista, algo que se puede comprobar mediante canciones y videos vocalizados en lengua palenquera, como una forma de darles validez universal a unos códigos comunicativos que años atrás se hubieran perdido para siempre, de no ser por el trabajo efectivo de personas que los antecedieron, pero que tenían el mismo interés reivindicativo que alienta a Kombilesa Mi.

Precisamente, el nombre del grupo significa Mis amigos.

Los títulos de las canciones también cargan una fuerza semántica que se visibiliza en cortes como Ma kuagro (Mi generación), Endi loyo (En el arroyo) y Apiyá Bo (Te pillé), entre otras, que hacen parte de las producciones discográficas que hasta el momento ha publicado la agrupación.

Una de ellas se titula Esa palenquera, que contiene, además de un intro, títulos como Mapalé, Esa palenkera, Apiyá Bo, Los peinados, Ma tabala, Neke, No más discriminación, Pica pica, Vamos pa´l baile, To ane lo memo, Esto es pa’ bailá y Salida.

Otra se dio a conocer como Así es Palenque, donde incluyeron canciones como Así es Palenque, I Kelé, Endi loyo, Pa to ma changaina, Ma kuagro, Kumina suto, No puedo olvidar, Garifuna, El bizcocho y El punto.

Y Kombilesa Mi, que contiene sólo cuatro canciones:

Kumo suta tá, Ma Nduse, Los juegos y Kombilesa Mi.

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Ya se dijo que por el trabajo que los muchachos de Kombilesa Mi han dado a conocer fuera de Palenque, las entrevistas para noticieros, canales audiovisuales, revistas virtuales y emisoras en el mismo formato, ya hacen parte del día a día de sus integrantes.

El más asediado, por supuesto, es Afroneto, quien casi no responde el teléfono celular ni el whatsapp, aunque constantemente les echa la culpa a las condiciones técnicas del aparato o a la débil señal que se recibe en Palenque.

La realidad es que siempre está demasiado ocupado, ya sea en sus actividades musicales o misiones cívicas; o porque le toca organizar todo lo concerniente a un viaje con su grupo, para brindar conciertos en África meridional, la península de la Florida o el territorio Ibérico, donde aún conviven ciudadanos asombrados ante lo exótico que, según ellos, aún guarda América Latina, pero específicamente la gran cuenca caribeña.

Afroneto lo sabe. Por eso habla con frenesí, pero sin arrebatamientos. Con serenidad celebra las respuestas de la vida ante lo que primero fueron sueños y expectativas.

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“Nací en el sector Chopacho, del Barrio Abajo, del Palenque de Benkos. Nací en mi casa, donde me recibió Tomasa Liñán, una partera quien aún reside en la plaza del pueblo, exactamente detrás de la estatua de Benkos Biohó. Mi padre se llamaba Néstor Padilla Navarro, a quien, como a todo palenquero, le gustaba la música, pero sólo para escucharla y bailar. Es decir, nunca intentó ser músico. Algunos de mis parientes, tanto paternos como maternos, sí tuvieron algún contacto con la ejecución de música, pero sólo durante el lumbalú que se canta en los velorios.

De parte de Inelsa Julio Salinas, mi mamá, sí hubo cierta conexión musical, porque resulta que ella era parienta de Dolores Salinas, la cantadora del conjunto Las alegres ambulancias, quien se hizo famosa por la canción La maldita vieja. Me dicen que cuando yo nací, mi mamá se puso un poco mal, por los estragos del parto, y debieron llevársela para una clínica en Cartagena. Durante ese período de convalecencia de mi madre, me dejaron en casa de mi tía Dolores Salinas. Además, Chopacho siempre ha sido un sector muy musical, empezando porque allí nació la dinastía percusionista y cantadora de los Batata.

En la música me recuerdo inicialmente como bailarín en la Escuela de Música y Danzas Tradicionales Batata, que se fundó en Palenque en 1990. Allí aprendí a marcar los pasos del mapalé, la cumbia, el bullerengue y chalupa, entre otros ritmos del Caribe colombiano.

Por esos días se retiró de la escuela el joven que ejecutaba la tambora, yo me ofrecí para ocupar su lugar y así fue como comencé a dar mis primeros pininos como ejecutante de música. Por eso, siempre he dicho que el instrumento principal de la música palenquera es la tambora. Yo le llamo batería tradicional, porque antes eran las dos membranas de cuero y las baquetas para golpearlas, pero ahora le puse un ton de piso y un tamborito metálico. El aporte le ha dado una nueva sonoridad a nuestra propuesta.

Pero no sólo percutaba la tambora. A veces me tocaba hacer coros y hasta cantar, cuando algunos profesores no asistían a clases. Y viendo bien la cosa, ya estaba empezando a liderar también en la música. Pero había un pequeño obstáculo: mi mamá. Ella, como todas las madres de Palenque, se preocupaba porque su hijo consiguiera un ‘oficio de servicio’, ya que la música la asociaban sólo con el berroche, la ingesta de licor y la irresponsabilidad sexual.

Por esos tiempos, ingresé a la Escuela de Bellas Artes, de Cartagena, a estudiar música, pero, por cuestiones económicas, me tocó retirarme, porque las clases eran de lunes a sábado, y era muy duro para mí tener que trabajar y estudiar al mismo tiempo.

A cambio de eso continué con mi liderazgo social en Palenque, y hasta me incorporé como integrante del Consejo Comunitario, que es la máxima autoridad del pueblo. La junta directiva del consejo me escogió, en plaza pública, como consejero de identidad, patrimonio y cultura por cinco períodos consecutivos.

En 2011 nació Kombilesa Mi, después de que egresé de la escuela de danzas. Para ese tiempo yo era un admirador acérrimo del rap y demás músicas urbanas, porque tenía mucha influencia de raperos cubanos, venezolanos y afroamericanos.

Recuerdo que esa música comenzó a llamarme poderosamente la atención cuando en Palenque se inició un proceso llamado Monacito Ku Rap (Niños raperos o niños con rap). Corrían los años 2004 y 2005. El movimiento de marras nació a raíz de que palenqueros y palenqueras salían continuamente a estudiar o trabajar en territorios como Cartagena, Barranquilla, Bogotá y Venezuela.

Cuando retornaban al pueblo traían consigo, no solamente ropa y mercancías para la familia, sino también música en formato audiovisual. En uno de esos videos logré conocer un grupo venezolano muy famoso llamado ‘Guerrilla seca’, una agrupación integrada por un colombiano y un venezolano, quienes se hacían llamar ‘Colombia’ y ‘Rekesón’. Ellos hablaban sobre la realidad que no mostraban los noticieros de Venezuela, respecto a barrios como Petare y Nuevo Horizonte, donde, según ellos, matan hasta por un cigarrillo y se ve el racismo de los policías, quienes sólo persiguen a los negros, les piden la cédula y les restringen el paso en todas partes. En una de sus canciones se preguntan ‘¿son policías o son malandros?’, porque ultrajan de palabra al ciudadano mientras lo están requisando.

Como se ve, Guerrilla seca se convirtió en la voz del pueblo. Lo mismo ocurrió con el grupo Aldeanos, en Cuba. Y eso a los muchachos de Palenque nos llenó de inspiración para que nos enamoráramos del rap, puesto que sentimos que podíamos hacer lo mismo desde nuestro pueblo, pero con la ventaja de que Palenque no es un territorio violento, pero sí tiene temáticas culturales que se pueden debatir.

Desde ese punto de vista comprendimos que, a través del rap, podíamos narrar lo que es Palenque en realidad. Cuando comenzamos a practicar y a organizarnos, mucha gente nos preguntaba que por qué no optamos por el vallenato o la champeta, pero nosotros respondíamos que el rap nos facilitaba mucho más enviar los mensajes que teníamos en mente. En cambio, con la champeta y el vallenato íbamos a lograr que la gente se distrajera bailando y tomando ron, y no era eso lo que queríamos.

Nos reunimos, por primera vez, un 20 de julio de 2011, para engranar y fortalecer el rap. Sabíamos que debíamos unirnos, y por eso creamos un colectivo al que yo bautice como Kombilesa mi.  Éramos como 25 muchachos aficionados al rap, quienes debimos enfrentar, en buena forma, las críticas de los viejos juglares y líderes sociales, quienes sentían que estábamos dañando la tradición cultural palenquera. Pero nosotros comprendíamos que ellos tenían poca información sobre el rap, empezando porque a Palenque no había llegado el internet.

El colectivo estaba integrado por cantantes solistas y por grupos llamados Moná Ku Talendo, Rap Ku Suto y Biko Prieto, entre otros.

Más adelante se dio un momento en que me dije que, como nuevo grupo musical, no podíamos seguir sirviéndonos de las pistas de los raperos ya conocidos, porque era eso lo que hacía el grupo Monasito Ku Rap. Allí bajábamos de la internet las pistas de los grupos extranjeros y sobre ellas poníamos nuestras letras. Pero, pensando en Kombilesa Mi, reflexioné que nosotros teníamos nuestras propias temáticas, instrumentos y lengua, por lo cual no teníamos porqué seguir copiando lo ajeno.

Pero, como casi siempre sucede, me trataron de loco. Los muchachos se burlaban diciéndome que el rap no se hacía con tambores típicos, ni con marímbula ni con maracas. Y yo les insistía en que si queríamos hacer algo diferente y que se sintiera que era de un pueblo como Palenque, teníamos que incluir lo que había en nuestro entorno.

Como consecuencia, sucedió algo muy estimulante: el colectivo nuestro era un grupo formado por varios subgrupos, pero resulta que siempre que alguien necesitaba un grupo de rap, venía a buscar a Kombilesa Mi, porque le llamaba la atención la propuesta de combinar el rap con instrumentos típicos de Palenque. Eso hizo que los demás muchachos del colectivo me dieran la razón respecto a lo que yo les venía sugiriendo. Entonces, los disidentes se dieron cuenta de que debían abandonar las pistas para acogerse a la fusión que ahora tenemos. Así logré crear lo que llamé el RFP (Rap Folclórico Palenquero), que es lo que nos identifica en todas partes.

En estos momentos en el grupo, en cuanto a temáticas, manejamos varias líneas: la social, la cultural, la política y la medio ambiental. Al mismo tiempo, de vez en cuando nos apersonamos de las situaciones que ocurren, no sólo en Palenque, sino también en todo el país y en el mundo. Al comienzo, teníamos una metodología mediante la cual yo componía toda la canción y luego distribuía diferentes aspectos creativos entre los muchachos, según sus habilidades musicales. Pero más adelante me di cuenta de que dos o tres cabezas piensan más que una. Es decir, dejé de crear yo solo las canciones y convertí eso en una actividad de grupo, principalmente para que el resto de los muchachos también aprendiera a componer.

Ahora nos reunimos, les planteo un coro y les doy suficiente información sobre el tema. Por ejemplo: les digo: ‘vamos a hacerle una canción al arroyo de Palenque en lengua palenquera. Piensen en todo lo que ustedes hacen cuando van a ese espacio natural del pueblo. Piensen también en lo que deberíamos hacer los palenqueros para preservarlo, etc’. Y es esa la metodología que aplicamos para todas las temáticas.

Actualmente, el grupo está integrado por siete personas: Keyla Regina Miranda Pérez, mejor conocida como KR (voz femenina); Kendry Esperanza Cassiani Cásseres, conocida como ‘La reina de la tambora’ (tambora o batería tradicional); Alí Fernando Navarro Salas, conocido como Mc Pm, quien se desempeña como cantante, compositor, productor y toca el tambor alegre; Edwin José Valdez Torres, mejor conocido como Lempito (maracas); Martín Elías Masa Simarra, conocido como MC Ocoro (llamador, coros y rapeo); y Orlis Manuel Reyes Cañate, conocido como OMR (marímbula).

Con ellos ya hemos concebido cuatro producciones discográficas y varios videos, lo que nos ha llevado a visitar escenarios nacionales e internacionales como Cartagena, Barranquilla, Santa Marta, Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga, Venezuela, Cuba, México, Panamá, Estados Unidos, Senegal, Dakar, Kenia, Johannesburgo y Etiopía.

En cada escenario hemos contado con la bendición de que la gente recibe nuestra propuesta con mucho respeto y admiración, porque, además de ponerlos a gozar, les enseñamos sobre Palenque y sus tradiciones. Gracias a eso, el turismo en Palenque se ha incrementado en los últimos años, porque el foráneo se llena de curiosidad por saber dónde se origina nuestra música. Gracias a eso, ahora somos la voz del pueblo. Después que los viejos no querían aceptar nuestra propuesta, ahora nos han convertido en un punto de referencia para hablar de Palenque”.

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